Rol, actitud, realidad

Encontrarse en el rol Directivo de una empresa responde a varias condiciones: La primera, contar con el voto de confianza de los propietarios. La segunda, evidenciar la experiencia y el conocimiento. La tercera, demostrar una alta dosis de responsabilidad e incondicionalidad. Por lo regular el directivo, en el día a día asume retos y dificultades como… la máquina que requiere un repuesto que no es fácil de conseguir; el reemplazo de alguien que tuvo una incapacidad; el manejo a la situación de un cliente al cual se le entregó el producto en el sitio equivocado; el aprendiz que empieza a tomar un proceso en propiedad sin la competencia requerida; el proveedor acosando por los pagos y la responsabilidad de incrementar las ventas así no siempre se cuente con toda la logística para efectuarla o el nivel de calificación y networking suficiente. Al final del día, todos los tropiezos terminan en el Pareto de “no tengo la suficiente autonomía para resolver las cosas”. 
 
¿Y qué es la suficiente autonomía? ¿qué es lo que haría como directivo para que las cosas fueran mejor? ¿Realmente qué te impide hacerlo?
 
La visión global de las decisiones, es un arte que se logra tras hacer nacer y crecer una empresa. Cuando un propietario o Gerente General necesita elementos para tomar una decisión, es porque en la complejidad de las variables exógenas al negocio, debe dar hábil manejo a hilos estratégicos que le faciliten alcanzar los objetivos. La mayor parte de las veces ese “hábil manejo” es una combinación entre intuición, conocimiento y experiencia, que podríamos llamar “improvisación estratégica”.
 
¿Pero y entonces dónde queda la planeación? 
 
Hay varios tipos de planeación: La cabalistica en la cual se suponen unos escenarios y sobre ellos, posibles formas de abordarlos. La reactiva: se determinan las variables que afectan directamente el modelo de negocio y éste se lleva de la mano con ellas. La activa: Se observa el Presente-futuro inmediato y se trazan planes de acción cortos, acordes con la situación, sin perder de vista una estrategia corporativa global. 
 
Cualquiera de los anteriores tipos de planeación requerirá de la improvisación estratégica para lograr sobreponerse o aprovechar la ola de la tendencia.
 
La conexión entre directivo y propietario debe permitir la empatía suficiente para producir sinergía. Es allí donde la sincronización entre la improvisación estratégica y la minimización de contingencias gracias a la planeación y a un mejor conocimiento de las condiciones del negocio, permitirán lograr el timing entre los procesos internos (el back office) y los procesos de cara al cliente (el front office) de la organización, lográndose que fluya realmente la cadena de valor corporativa para la satisfacción y rentabilidad derivadas del producto o servicio.
 
La realidad es que el timing del propietario está un función de su percepción del entorno. El timing del directivo y del equipo de trabajo, está en función el universo organizacional interior. Afuera es en cámara rápida, para las urgencias y adentro es en cámara lenta para las contingencias. Esa es la “realidad” y solo la compenetración entre la gerencia y sus diredctivos, sumada a la pericia y a la actitud podrán generar la sinergia que permita acortar la brecha e incrementar el impacto positivo.

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